Por Equipo de Vivenciar.
Cuando hablamos de violencia doméstica, nos referimos a una relación destructiva de dominación de un miembro de la familia sobre otro, con el objetivo de obligar a la persona dominada a obedecer y someterse. En un intento por controlarla, la persona dominante la ve como un objeto para descargar su ira y frustración. ¿El resultado? La persona dominada no se desarrolla, carece de autoestima y su individualidad y sentido de la justicia se ven anulados por un total desprecio de sus derechos, libertades y capacidades. Todo esto es consecuencia del abuso de poder, que puede ejercerse mediante acciones concretas —como veremos más adelante— o mediante omisiones reiteradas (negligencia), produciendo graves consecuencias en los ámbitos físico y psicológico.
Cuando hablamos de violencia doméstica, nos referimos a: violencia contra la pareja, violencia contra la expareja (ya que no siempre siguen viviendo bajo el mismo techo), violencia contra adultos o ancianos (padres, abuelos, suegros) y violencia contra niños y adolescentes. En otras palabras, la violencia puede darse entre personas de la misma generación y también entre personas de generaciones diferentes.
La violencia y el abuso nunca forman parte del diseño de Dios para las relaciones humanas. Él creó a cada persona con dignidad, valor y propósito, y nos llama a tratarnos unos a otros con amor, respeto y compasión. Donde existe maltrato, humillación o abuso de poder, se rompe el propósito de cuidado y protección que Dios desea para la familia.
La Biblia nos recuerda que el verdadero amor no busca controlar ni dañar, sino proteger, servir y edificar. Por eso, reconocer la violencia, buscar ayuda y romper el silencio son pasos importantes hacia la restauración y la sanidad.
«El amor es paciente y bondadoso; el amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.» (1 Corintios 13:4-5, RVC)
Dios se acerca a quienes han sufrido injusticias y ofrece esperanza a quienes han sido heridos. Su deseo es que cada persona pueda vivir en relaciones donde haya respeto, seguridad y amor verdadero, porque toda vida tiene un valor que Él mismo ha establecido.
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