Por Equipo de Vivenciar.
El miedo ante un nuevo año puede generarnos temor, pero más que verlo como un enemigo, se convierte en una oportunidad para reflexionar en él como un mensajero; es decir, en lugar de ignorarlo o dejar que nos paralice, podemos preguntarnos: ¿Qué es lo que intenta decirnos este miedo?
Tal vez sea la voz que nos recuerda bajar la velocidad, no repetir patrones que ya no nos sirven, buscar apoyo donde hemos resistido.
Cuando sentimos miedo al futuro, es útil preguntar: ¿Qué está a mi alcance hoy? Pequeñas acciones – como planificar con flexibilidad, hablar de nuestras preocupaciones, practicar el trato compasivo con uno mismo – convierten la ansiedad en algo manejable.
Te invito a recordar que no estamos solos en este viaje. Dios nos acompaña y nos guía, brindándonos la fortaleza y la sabiduría necesarias para confrontar nuestras inquietudes: «No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia» (Isaías 41:10).
En lugar de permitir que el miedo nos controle, podemos entregarlo a Dios, confiando en su cuidado fiel para nuestras vidas. Al hacerlo, transformamos nuestra ansiedad en un acto de fe, sabiendo que cada paso que damos está bajo su cuidado amoroso.
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